En un reino, en un castillo, en una habitación, en frente una
ventana abierta y con la brisa nocturna jugando con sus cabellos, se
encontraban dos hermanos muy diferentes. Uno, con rizos de oro y ojos de plata
y el otro con pelo negro como la tinta y ojos parecidos al barro oscuro.
El mayor, con ojos de plata le pregunto a su hermano.
-¿Conoces la historia de la estrella pérdida?-
-No- Respondió el otro. –Nunca he oído algo sobre eso- Miro
con extrañeza al cielo estrellado que serpenteaba y aclamaba atención.
-Cuéntamela, hermano-
-Es una historia al principio triste pero feliz, al final.-
El tampoco quitaba la vista del manto luminoso que acompañaba la oscuridad.
-Bueno, todo comenzó cuando una mujer y hombre tuvieron una
hija. Una niña preciosa de piel clara y ojos azules, su belleza era
resplandeciente y por eso, decidieron llamarla Estrella. Los padres estaban tan
pero tan felices por la bendición que era su hija que querían celebrarlo con
todos sus conocidos, dejar que la propia niña los deslumbrara. Planearon una
gran y formidable fiesta, personas de todo el mundo vendrían a verla. Ellos
vivían en una casa como la nuestra, en medio del bosque y muy grande. Pero, el
día de la celebración ocurrió algo terrible...-
El hermano mayor dejo que las últimas palabras se
desvanecieran y se las llevaran el suave canto de los grillos. Pensativo, como
si el mismo se hubiera inverso en la historia. Tras unos cuantos segundo, el
hermano pequeño susurro, como no queriendo acabar con el aire de misterio que
los envolvió.
-¿Qué ocurrió ese día?-
-La parte triste… La niña salió a jugar en el bosque, aun era
demasiado pequeña para saber que era peligroso para ella andar sola por el
bosque. Ella se adentro más y más profundo, hasta que la oscuridad se la devoro
por completo. Los padres perdieron la cabeza, buscaron por todo el bosque y
todos los invitados se ofrecieron a ayudar. Pero el bosque no daba tregua, el
alba había hecho su presencia y la niña aun estaba desaparecida.
Buscaron por días y noches, eternas semanas de miedo y
ansiedad. Los padres estaban devastados. Su precioso regalo del cielo había
sido tragado por la tierra, sin esperanza de regresar. Poco a poco y cuando los
meses y las estaciones pasaron las personas dejaron de tener fe. Para ellos,
ella no estaba en este mundo. Pero los pobres padres, quienes habían amado y
protegido a su hija con toda su existencia no se rendían. Cada mañana, cada
mediodía y cada anochecer, la buscaban en el bosque, que ahora era conocido por
estar maldito. Y la miseria los consumía poco a poco, la madre empezó a
enfermarse y el padre ya no parecía el, habían cambiado, el dolor los había
cambiado. El día cuando se cumplió un año de la desaparición, la madre con un
débil cuerpo y con un corazón debilitado paseo por el bosque, no estando segura
ya, si era para buscarla o por la simple costumbre. Ella estaba demasiado
cansada para hacer nada, incluso, tal vez, para vivir. Quería dormir por
siempre y que ese bosque, y su mundo, y su pena, desaparecieran. Estallo en
llanto y levanto la mirada al cielo pidiendo misericordia y, ahí, fue cuando lo
vio. Una estrella fugaz, desplazándose en el ancho cielo, tan brillante, tan
hermosa, tan pura. Su corazón se estremeció y de repente un soplo de felicidad
calentó su alma, creyó que era un
mensaje de su hija. Corrió a casa a contárselo a su esposo, este se había
vuelto frio e insensible con el tiempo pero vio la estrella y su estela y las
lagrimas cayeron por su rostro. Era un mensaje de su hija.
Ellos tuvieron esa fuerte convicción por mucho tiempo, aunque
las personas a su alrededor dijeran que era ridículo y sin sentido e incluso
los miraban con pena. Ellos siguieron creyéndolo. Al año siguiente la estrella
apareció otra vez, y así el año siguiente y el siguiente. Ella era una estrella
perdida que volvía a casa una vez al año. En los años siguientes los padres
tuvieron otros tres hijos y ellos presentaron a la estrella como su hermana
mayor, los niños al igual que sus padres, la amaron.-
En medio del relato la voz del hermano mayor se había vuelto
suave y serena, el hermano pequeño empezó a adormecerse.
-No es una historia con un final feliz-
-¿No lo es?- Pregunto el mayor.
-Mmm… No, es triste. Al final nunca la encontraron. Y aun si
se volvió una estrella, ella solo volvía una vez en todo el año. ¿Eso no quiere
decir que esta todavía perdida? ¿Vagando en el cielo?-
-Yo creo que no está perdida del todo. Ella encuentra su
camino a casa, siempre lo encontrara. Y aunque no fuera verdad, los padres
fueron felices viendo la estrella. Si ellos terminan teniendo esa ciega
esperanza, creo que es un final feliz-
-Es triste- La voz del hermano de cabello negro era apenas un
susurro. Sus ojos ya cerrados.
-Tal vez lo sea- Respondió el otro, colocando una manta sobre
los hombros de su hermano pequeño.
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