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lunes 5 de diciembre de 2011

Historia de Medianoche


En un reino, en un castillo, en una habitación, en frente una ventana abierta y con la brisa nocturna jugando con sus cabellos, se encontraban dos hermanos muy diferentes. Uno, con rizos de oro y ojos de plata y el otro con pelo negro como la tinta y ojos parecidos al barro oscuro.

El mayor, con ojos de plata le pregunto a su hermano.

-¿Conoces la historia de la estrella pérdida?-

-No- Respondió el otro. –Nunca he oído algo sobre eso- Miro con extrañeza al cielo estrellado que serpenteaba y aclamaba atención.

-Cuéntamela, hermano-

-Es una historia al principio triste pero feliz, al final.- El tampoco quitaba la vista del manto luminoso que acompañaba la oscuridad.

-Bueno, todo comenzó cuando una mujer y hombre tuvieron una hija. Una niña preciosa de piel clara y ojos azules, su belleza era resplandeciente y por eso, decidieron llamarla Estrella. Los padres estaban tan pero tan felices por la bendición que era su hija que querían celebrarlo con todos sus conocidos, dejar que la propia niña los deslumbrara. Planearon una gran y formidable fiesta, personas de todo el mundo vendrían a verla. Ellos vivían en una casa como la nuestra, en medio del bosque y muy grande. Pero, el día de la celebración ocurrió algo terrible...-

El hermano mayor dejo que las últimas palabras se desvanecieran y se las llevaran el suave canto de los grillos. Pensativo, como si el mismo se hubiera inverso en la historia. Tras unos cuantos segundo, el hermano pequeño susurro, como no queriendo acabar con el aire de misterio que los envolvió.

-¿Qué ocurrió ese día?-

-La parte triste… La niña salió a jugar en el bosque, aun era demasiado pequeña para saber que era peligroso para ella andar sola por el bosque. Ella se adentro más y más profundo, hasta que la oscuridad se la devoro por completo. Los padres perdieron la cabeza, buscaron por todo el bosque y todos los invitados se ofrecieron a ayudar. Pero el bosque no daba tregua, el alba había hecho su presencia y la niña aun estaba desaparecida.

Buscaron por días y noches, eternas semanas de miedo y ansiedad. Los padres estaban devastados. Su precioso regalo del cielo había sido tragado por la tierra, sin esperanza de regresar. Poco a poco y cuando los meses y las estaciones pasaron las personas dejaron de tener fe. Para ellos, ella no estaba en este mundo. Pero los pobres padres, quienes habían amado y protegido a su hija con toda su existencia no se rendían. Cada mañana, cada mediodía y cada anochecer, la buscaban en el bosque, que ahora era conocido por estar maldito. Y la miseria los consumía poco a poco, la madre empezó a enfermarse y el padre ya no parecía el, habían cambiado, el dolor los había cambiado. El día cuando se cumplió un año de la desaparición, la madre con un débil cuerpo y con un corazón debilitado paseo por el bosque, no estando segura ya, si era para buscarla o por la simple costumbre. Ella estaba demasiado cansada para hacer nada, incluso, tal vez, para vivir. Quería dormir por siempre y que ese bosque, y su mundo, y su pena, desaparecieran. Estallo en llanto y levanto la mirada al cielo pidiendo misericordia y, ahí, fue cuando lo vio. Una estrella fugaz, desplazándose en el ancho cielo, tan brillante, tan hermosa, tan pura. Su corazón se estremeció y de repente un soplo de felicidad calentó su  alma, creyó que era un mensaje de su hija. Corrió a casa a contárselo a su esposo, este se había vuelto frio e insensible con el tiempo pero vio la estrella y su estela y las lagrimas cayeron por su rostro. Era un mensaje de su hija.

Ellos tuvieron esa fuerte convicción por mucho tiempo, aunque las personas a su alrededor dijeran que era ridículo y sin sentido e incluso los miraban con pena. Ellos siguieron creyéndolo. Al año siguiente la estrella apareció otra vez, y así el año siguiente y el siguiente. Ella era una estrella perdida que volvía a casa una vez al año. En los años siguientes los padres tuvieron otros tres hijos y ellos presentaron a la estrella como su hermana mayor, los niños al igual que sus padres, la amaron.-

En medio del relato la voz del hermano mayor se había vuelto suave y serena, el hermano pequeño empezó a adormecerse.

-No es una historia con un final feliz-

-¿No lo es?- Pregunto el mayor.

-Mmm… No, es triste. Al final nunca la encontraron. Y aun si se volvió una estrella, ella solo volvía una vez en todo el año. ¿Eso no quiere decir que esta todavía perdida? ¿Vagando en el cielo?-

-Yo creo que no está perdida del todo. Ella encuentra su camino a casa, siempre lo encontrara. Y aunque no fuera verdad, los padres fueron felices viendo la estrella. Si ellos terminan teniendo esa ciega esperanza, creo que es un final feliz-

-Es triste- La voz del hermano de cabello negro era apenas un susurro. Sus ojos ya cerrados.

-Tal vez lo sea- Respondió el otro, colocando una manta sobre los hombros de su hermano pequeño.


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